• Xiadani Reyes

EXHIBEN CLÁSICOS DEL GRABADO EN EL MUSEO FRANZ MAYER.

Un viaje en el tiempo que recupera escenas icónicas que fueron creadas por los genios del grabado. A eso aspira la exposición Grandes maestros del grabado europeo, que se inaugura hoy en el Museo Franz Mayer, con 96 obras de artistas como Alberto Durero, Rembrandt, Pieter Brueghel, Lucas van Leyden, Lucas Cranach, Anton van Dyck, Anibale Carracci y Samuel Stradanus, entre otros más.

La intención de esta exposición es regresar la mirada no sólo a una colección, sino al papel que el grabado jugó en su momento como medio de difusión y divulgación, es decir, fue el grabado el que permitió que se popularizaran ciertos temas relacionados con la historia, la mitología, las particularidades geográficas o genotípicas de algunas sociedades europeas que fueron conocidas por el resto de los países”, comentó Alejandra de la Paz, directora del museo.


La muestra abarca dos siglos de arte en grabado, algunas de las cuales datan de 1490 y otras más recientes que fueron realizadas a finales del siglo XVIII.


Destacan piezas como La soberbia y La lujuria, de la serie Los siete pecados capitales, de Pieter Brueghel; La Anunciación y El monstruo marino, de Durero; El golpe del cuchillo, de Adriaen Van Ostade; Cristo frente a Pilatos y La dormición de la virgen, de Rembrandt; y Los milagros de la Virgen de Guadalupe, de Samuel Stradanus, así como algunos libros antiguos con grabados, como la Crónica de Nüremberg, de Hartman Schedel, y el Manual de Anatomía, de Durero.


Otra de las piezas más interesantes es Los milagros de la Virgen de Guadalupe, elaborada por Samuel Stradanus, quien llegó a la Nueva España desde Amberes, “y lo que se sabe es que fue el primer artista que hizo placas de cobre en la Nueva España, aunque no dejó de ser un artista flamenco”, comentó el curador Abraham Villavicencio.


La estampa tuvo la singularidad de ser considerada una de las representaciones más tempranas de la Virgen de Guadalupe, donde se hablaba sobre el culto que tenía desde antes de que circulara la versión aparicionista de su devoción, acompañada por ocho imágenes que dan cuenta de sus milagros, y probablemente inspirada en la tilma de Juan Diego, que data de 1531.


Esta obra, que cierra la exposición, permite comprender la importancia que tuvo la estampa para la transmisión de la cultura, del imaginario y la tradición artística europea en el mundo americano, y que permitió el desarrollo de una escuela pictórica y de grabado desde la Ciudad de México y Puebla”, añadió.


Otra de las piezas de Stradanus que se exhibe es América, que forma parte de la serie Nova Reperta, un catálogo de las invenciones y descubrimientos más importantes de la era renacentista. Fue elaborado en la década de 1580 y está dedicado al noble florentino Luigi Alamanni, mecenas de la serie.


En este grabado, Stradannus construyó una alegoría del descubrimiento de América por Américo Vespucio, quien es representado como un navegante con el astrolabio en una mano, un estandarte con la Cruz del Sur en la otra y la espada enfundada en el cinto. Mientras que América fue personificada como una mujer nativa desnuda, con tocado de plumas, sentada sobre una hamaca, cuya calma es interrumpida por prácticas de canibalismo.


PASIÓN POR LA IMAGEN

La correspondencia del coleccionista, fotógrafo, empresario y filántropo Franz Mayer (Alemania, 1882-1975) revela que siempre estuvo muy interesado en el grabado alemán, aunque también adquirió importantes piezas de origen neerlandés, de arte flamenco y, en menor medida, españolas y francesas.


Además, Mayer conformó esta colección entre 1936 y 1949, es decir, cuando su mirada como coleccionista ya estaba formada, dado que él inició su colección hacia 1919, y ya contaba con una red de agentes y especialistas que lo ayudaban a ubicar estas obras.


De acuerdo con el curador, la selección de 96 piezas para esta muestra es una breve fracción del universo total de los 736 grabados que coleccionó Mayer, para lo cual sólo eligieron las piezas que abordan temas literarios, de carácter social y que arrojan información del vínculo entre grabadores e impresores.


Recordó que la circulación amplia del grabado no fue posible hasta la invención de la imprenta de Gutenberg, hacia la segunda mitad del siglo XV.


Claro que hubo más grabado antes, ya que su historia puede remontarse hasta Mesopotamia. Sin embargo, es entre finales del siglo XV y del siglo XVIII, periodo conocido como la gran era del grabado y, por suerte, la colección de este museo es una digna representante de ese periodo”.


Un caso especial en la exposición es Alberto Durero, “debido a que él fue un parteaguas en la historia del grabado y el primer grabador que se dedicó a otros oficios como una mente universal del Renacimiento. Cultivó el grabado y apostó por hacer sus impresiones y trasladar sus bocetos a las placas”.


Y aunque se desconoce el precio original de las piezas, según el catálogo de obras en venta de la Casa de Subastas Christie’s un grabado de Durero tiene un costo promedio de cinco mil libras esterlinas, es decir, casi 120 mil pesos.


Ésta es la primera muestra organizada por dicho museo que intenta destacar la importancia plástica y cultural de esta disciplina artística a lo largo de seis núcleos temáticos, que van desde Técnicas del grabado. Materiales y herramientas, La defensa artística del grabado, El grabado y las artes liberales, La representación de la vida cotidiana, El tiempo divino y el tiempo humano y Hablar con imágenes.

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