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NUEVO ETIQUETADO FRONTAL ATIENDE EMERGENCIA EN OBESIDAD Y NO INTERESES DE LA INDUSTRIA.

Empresas defienden sus intereses, pero "lo que realmente importa es la emergencia epidemiológica que hay en el país".


México es uno de los mayores consumidores de alimentos ultraprocesados y de comida chatarra en América Latina, lo cual ha derivado en una emergencia epidemiológica de obesidad que desde 2016 ha puesto en mayor peligro la salud de los mexicanos.


Para hacer frente a la situación, se ha propuesto un nuevo etiquetado frontal con el cual los consumidores tendrán más claro cuando un producto tiene exceso de azúcar, sodios, grasas saturadas, calorías o grasas trans.


“Hay que recordar que durante los últimos diez años hemos tenido un etiquetado que la industria lo puso de manera voluntaria y después la autoridad de manera incomprensible lo convirtió obligatorio. Un etiquetado que nadie entiende”, dijo Alejandro Calvillo del Poder del Consumidor.


Explicó que el etiquetado con el que actualmente se cuenta en el país es uno que ni siquiera los estudiantes de primer año de nutrición pudieron explicar en una prueba realizada por el Instituto Nacional de Salud Pública. Calvillo dijo que cuando se acercaron a cuestionar al respecto a Cofepris, la comisión aceptó que no había un grupo de trabajo al respecto.


Frente a los preparativos encaminados al nuevo etiquetado frontal, Alejandro Calvillo dijo que han habido una serie de reacciones desde la industria, lo cual no es algo sorprendente, pues ha ocurrido en otros países como Perú y Chile, en donde incluso el gobierno de México durante la administración de Enrique Peña Nieto se opusieron al cambio.


Ahora sucede lo mismo con Italia y Suiza respecto al caso mexicano, pues tanto Ferrero como Nestlé se verían obligados a cambiar el etiquetado en México. Calvillo señaló que estas empresas lo que están haciendo “es defender sus intereses, pero lo que realmente importa es la emergencia epidemiológica que hay en el país”. 


Recalcó que “no se se puede poner a la autoridad y a la industria que, tiene un interés económico a hablar de la política de salud pública“. Detalló que en algunos casos de éxito como el chileno y próximamente en Uruguay, “no se consultó a la industria, pero en México sí se consultó y participó”.


“Lo que pasa es que tenemos un formato establecido en México que permite que conflictos de interés participen en el proceso de elaboración de una norma de protección de salud, pero también hay otros sectores como el académico, el sector gubernamental, la sociedad civil, organismos internacionales que participaron, los únicos que estaban en contra en este numeral específico en donde se ponen los criterios, fue la industria”, dijo.


Sobre la preocupación de Estados Unidos ante el nuevo etiquetado en México, Calvillo destacó el anexo al T-MEC presentado por el representante estadounidense, Robert Lighthizer, en donde pretendían prohibir que cualquiera de los tres países: México, Canadá o Estados Unidos pudiera desarrollar un etiquetado de emergencia.


Empresas defienden sus intereses, pero "lo que realmente importa es la emergencia epidemiológica que hay en el país".


México es uno de los mayores consumidores de alimentos ultraprocesados y de comida chatarra en América Latina, lo cual ha derivado en una emergencia epidemiológica de obesidad que desde 2016 ha puesto en mayor peligro la salud de los mexicanos.


Para hacer frente a la situación, se ha propuesto un nuevo etiquetado frontal con el cual los consumidores tendrán más claro cuando un producto tiene exceso de azúcar, sodios, grasas saturadas, calorías o grasas trans.


“Hay que recordar que durante los últimos diez años hemos tenido un etiquetado que la industria lo puso de manera voluntaria y después la autoridad de manera incomprensible lo convirtió obligatorio.


Explicó que el etiquetado con el que actualmente se cuenta en el país es uno que ni siquiera los estudiantes de primer año de nutrición pudieron explicar en una prueba realizada por el Instituto Nacional de Salud Pública. Calvillo dijo que cuando se acercaron a cuestionar al respecto a Cofepris, la comisión aceptó que no había un grupo de trabajo al respecto.


Frente a los preparativos encaminados al nuevo etiquetado frontal, Alejandro Calvillo dijo que han habido una serie de reacciones desde la industria, lo cual no es algo sorprendente, pues ha ocurrido en otros países como Perú y Chile, en donde incluso el gobierno de México durante la administración de Enrique Peña Nieto se opusieron al cambio.


Ahora sucede lo mismo con Italia y Suiza respecto al caso mexicano, pues tanto Ferrero como Nestlé se verían obligados a cambiar el etiquetado en México. Calvillo señaló que estas empresas lo que están haciendo “es defender sus intereses, pero lo que realmente importa es la emergencia epidemiológica que hay en el país”. 


Recalcó que “no se se puede poner a la autoridad y a la industria que, tiene un interés económico a hablar de la política de salud pública“. Detalló que en algunos casos de éxito como el chileno y próximamente en Uruguay, “no se consultó a la industria, pero en México sí se consultó y participó”.


“Lo que pasa es que tenemos un formato establecido en México que permite que conflictos de interés participen en el proceso de elaboración de una norma de protección de salud, pero también hay otros sectores como el académico, el sector gubernamental, la sociedad civil, organismos internacionales que participaron, los únicos que estaban en contra en este numeral específico en donde se ponen los criterios, fue la industria”, dijo.


Sobre la preocupación de Estados Unidos ante el nuevo etiquetado en México, Calvillo destacó el anexo al T-MEC presentado por el representante estadounidense, Robert Lighthizer, en donde pretendían prohibir que cualquiera de los tres países: México, Canadá o Estados Unidos pudiera desarrollar un etiquetado de emergencia.


Recientemente se dio a conocer que Estados Unidos exportó casi 6 mil millones de dólares en alimentos y bebidas no alcohólicas a México, lo cual Calvillo calificó como “una barbaridad”, pues mientras ellos “nos envían productos que no son saludables, nosotros enviamos hortalizas, frutas y ellos comida chatarra. Ese es el intercambio que tenemos y no quieren que el consumidor mexicano sepa que un producto puede representar un riesgo para la salud”.


Recalcó que con el nuevo etiquetado no se están prohibiendo los alimentos, “no es una medida discriminatoria, se les va a poner a todos los productos, a los que se producen en México y a los que se traen de Estados Unidos, pero ese es el dilema que tenemos que mejorar nuestra alimentación”.




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